jueves, 16 de octubre de 2014

Historia Keltoi IV


Segunda Guerra Keltoi

Esta guerra se produjo entre los elfos drakanos, los arcanos, los hominos y los guerreros enanos del rey Brok.  En un viaje del rey eterno arcano, los drakanos asaltaron el buque, esto provocó que tuvieran que huir hacia las tierras de la llanura de Tampersis, al sur de Urop. Allí se toparon con una gran tribu de keltoi hominos, los cuales prometieron ayudar alos arcanos a concluir su viaje hacia Brimigh.

Al mismo tiempo, el Jarlin Drakano Endwaltar, acudió a Brimigh vestido como un keltoi arcano, gracias a lo cual pudo acceder a la ciudad, que aún no había sido terminada. Una vez dentro, consiguió abrir las puertas de la gran biblioteca-ciudad y se produjo una entrada masiva de drakanos en la misma, los cuales se agenciaron gran cantidad de grimorios y pergaminos que podría usar para beneficio propio o para vender en el mercado negro. La situación se produjo ya que el rey Brok no estaa en la ciudad son que casualmente estaba de viaje en Satlam.
Los hominos sabían que Brok iría hasta su tribu, pues dominaban el puerto y lo defendían de los drakanos con gran eficacia, y era el puerto más seguro que unía el reino de Brimigh con el reino de Satlam. De modo que esperarían a la llegada del monarca enano para exponer la situación y pedir que les pagaran el transporte hata Brimigh.

Cuando Brok llegó con su guardia personal y una tropa de guerreros, se toparon con la sorpresa, de modo que sin problema alguno pagaron los pasajes de todos los keltoi arcanos, los suyos propios y además pagaron cinco navíos más de escoltas hominos.

Una vez en alta mar se toparon con naves de los drakanos, seis naves concretamente, que acudían a reforzar las tropas de Endwaltar en Brimigh; y tuvo lugar una batalla que concluyó con la rendición y huida de los drakanos.

Al llegar al puerto de Brimigh se encontraron con un bloqueo portuario drakano y tuvieron que virar hacia el sur para evita otra contienda llegando hasta una aldea llamada Thil-yn-amat, donde se enteraron de lo ocurrido. En ese momento tanto Brok como el rey Kelt-Elránd decidieron reclutar tropas de la misma isla puesto que sería arriesgado volver a Urop a pedir refuerzos, y además los hominos se presentaron voluntarios para acudir a la batalla.
Tras unos meses de pequeñas batallas por toda la isla, se había formado un ejército de más de diez mil guerreros, entre soldados y milicianos, además de varias centenas de mercenarios que el rey Brok había pagado de su bolsillo.

El ejército fue cercando a los drakanos hasta la propia ciudad de Brimigh donde los aislaron del puerto y quemaron sus naves, por lo que estaban obligados a rendirse o presentar batalla; lo cual no les beneficiaba puesto que contaban con menos de tres mil hombres, no obstante montaron un fortín en la puerta y con conocimientos drakanos construyeron un golem de proporciones titánicas que custodiaba la puerta principal.
La contienda duró mes y medio debido a la posición estratégica de los drakanos, pero gracias a la combinación de armas rúnicas imbuidas de magia arcana, consiguieron destruir al golem y acceder al patio de entrada de la ciudad donde miles de drakanos fueron masacrados. El Jarlin Endwaltar fue capturado y aún hoy, por su longevidad élfica, permanece cautivo en las mazmorras más profundas de la ciudad.

Desde ese día los drakanos no han vuelto a atacar la isla este de Ireng ni la región sur de Urop.
Cabe destacar que todos los keltoi hominos cayeron en combate, pero de no ser por ese sacrificio, no hubieran podido ganar el tiempo necesario para fabricar las armas rúnicas y arcanas que les permitieron derrotar al golem. En honor a los caídos, se construyó un golem diez veces mayor con magia arcana y cubierto de las runas más antiguas y poderosas, para el cual se requirió el sacrificio de varios herreros y especialistas de runas, que dedicaron su vida literalmente para su construcción, y crearon un golem titánico enorme con tanto poder que no podría ni un ejército de cien mil hombres con él, tal es su magnitud que podría resistir el ataque de un heon y hacerle frente el tiempo necesario para sellar las puertas de la ciudad, unas puertas que una vez cerradas tardarían varios cientos de años en volverse a abrir.

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