miércoles, 1 de octubre de 2014

Los Reinos Enanos

                                             Nacimiento y caída de los reinos enanos.

Tras la guerra de la fractura y la desaparición de los heones, de la sangre derramada por estos sobre las rocas nacieron unas criaturas. Estas criaturas con forma semihumana mantuvieron entretenido a Earin, y el las observaba y vio como se relacionaban y se multiplicaban, siendo del gusto de este y creyendo haber encontrado a los habitantes adecuados para este mundo les concedió la bendición de la sabiduría, y les proporcionó gran fuerza para trabajar la roca de la que procedían y así poder levantar reinos por toda la tierra conocida. A estos seres los llamo enanos; de estatura baja, los más altos podían llegar a medir 1,50 metros; pero eso era algo muy poco habitual.

En principio no tenían una jerarquía social, simplemente Earin ordenaba el emplazamiento de una ciudad, un monolito o una torre, y ellos eran la mano ejecutora. Un año se les pidió cavar un pozo para desterrar allí los cuerpos de los heones muertos y la desolación que habían creado en el mundo, y comenzaron a cavar, cavaban sin descanso pues disponían del favor de Earin y su presencia pura les otorgaba inmortalidad, les daba una resistencia perpetua que impedía que se cansaran y si sentían sed bebían de las fuentes que el mismo Earin hacía brotar de la tierra cuando alguno lo necesitaba.
Para el emplazamiento, Earin dispuso que se realizara en la montaña más elevada que existía, para que así su profundidad fuera mayor y debido al trabajo que requería, todos los enanos fueron reclamados para esa tarea y todos acudieron a la llamada de su señor, sin queja alguna pues sabían que en su presencia estarían atendidos y a salvo. Pasaron los años y las décadas y continuaban cavando, cuando llegaban a algún túnel o galería extraña, dividían sus fuerzas y se ramificaban en varios grupos muy numerosos para abarcar un espacio mayor y terminar antes el trabajo, pero una vez ocurrio que un grupo se fue dividiendo cada vez mas hasta solo quedar veinte individuos, estos se perdieron en una galería muy amplia y en un golpe de pico mal dado quedaron todos sepultados.

En principio no temían nada pues la presencia de Earin les otorgaba las necesidades que requerían y no les faltó nada, ni pasaron hambre ni se ahogaron ni pasaron penuria alguna; de modo que siguieron cavando pues tarde o temprano hallarían el camino de vuelta. El resto de enanos seguía trabajando, y finalizaron la obra y arrojaron al foso los restos de los heones caídos durante la guerra de la fractura y todos los males que crearon. Tan felices se hallaban que no se percataron de la pérdida de sus compañeros, ya que las divisiones de grupos se hacían en función de la familia de cada enano, así en cada grupo solo había familiares; de modo que no avisaron a Earin del suceso y volvio cada uno a su hogar hasta que se produjera un nuevo aviso de su señor.

El grupo perdido siguió cavando, pero por desgracia Earin ya no estaba cerca de ellos y perdieron su gracia, comenzaron a tener que buscar agua y comida, debían descansar y debían protegerse de las calamidades que el interior del mundo les procuraba. Esto no supuso el final de esta familia, puesto que a pesar de no contar con la gracia de Earin, los enanos eran extremadamente longevos y un individuo de baja aptitud física y mala salud solía superar sin dificultad los seiscientos años. Pasaron setecientos años y el grupo de veinte quedo reducido a ocho individuos, los ocho últimos enanos de la casa de Alvíss, y el mayor de todos ellos, Reilkar, estaba moribundo y mandó al más jóven a buscar algo de comida mientras los demás montaban un campamento.
El joven Mótsognir buscó por toda una galería con su martillo, no dejaba de buscar algún gusano gigante o alguna criatura como ratas terráneas o lombrices de barro para que pudieran alimentarse un día más, tal era su desesperación al ver que podían morir tarde o temprano, que no se percató del camino y cayó a un gran tunel muy profundo, era el gran foso del que se separaron y por el que se habían perdido, pero donde antes habían restos enormes de heones muertos, ahora reposaban piedras preciosas del tamaño de una montaña, yacimientos de oro, hierro, diamantes, mithril, jade, pirita, cinabrio, cuarzo; todo un abanico de riquezas que embelesó por una semana al joven enano, finalmente una gran rata-topo le trajo de nuevo al mundo real y viendo la oportunidad la mató de un golpe y la cargo junto con una bolsa de joyas y volvió  por el camino que había recorrido.
Tras medio día de camino se encontró con sus hermanos y se entero de que su padre había fallecido, esto les produjo un gran pesar, pero tras conocer el hallazgo de Mótsognir volvieron a recuperar la esperanza, pero el tiempo y la oscuridad del interior del mundo les había hecho mella en la moral y el corazón se les llenó de odio hacia el resto de sus congéneres, así, tomaron la determinación de vengarse. Volvieron a cavar conociendo ya  varios túneles y salieron por la región de Tampersis y su gran llanura, con conocimiento de que existían varios asentamientos enanos. Una vez en Tampersis y tras contarle la traición a sus congéneres, estos se mostraron reticentes, pero tras ver las joyas que portaban aceptaron unirse en su cruzada contra los traidores, pues mal hermano era aquel que por cualquier motivo abandonaba a los suyos, y ese era el modo de resarcirse, unirse a ellos y poder gozar de su presencia y sus riquezas.

Al disponer de todo un ejército de enanos y gran cantidad de máquinas de guerra que ellos mismos construían, los asentamientos iban siendo destruidos y reducidos al polvo, otros dejaban los asentamientos y se unían a Mótsognir, siendo cada vez más numerosos y en su punto álgido una masa impresionante e incontable de individuos. Así que para poder administrarse de forma equitativa, se dividieron en siete grupos, quedando cada hermano con gran fortuna y capacidad de recaudación y de soberanía sobre su grupo, así se crearon los siete reinos de los enanos, todos hijos de Alvíss, pues todos aceptaron a esta familia como la que les trajo la riqueza y el orden, a pesar de que en realidad estaban traicionando a Earin.

Los siete reinos se distribuían así:
- Al nordeste, en la region de Hisbetania, en el continente de Urop, el reino enano de Gallat, con Mótsognir como rey supremo de la montaña y de todos los enanos.
- En el surdeste, en la región de Tampersis, en el continente de Urop, el reino enano de Satlam, con Andvari como rey.
- En el centro del continente de Urop, se hallaba el reino enano de Kyiv, con Sindri como rey.
- En la isla oeste de Ireng, se hallaba el reino enano de Brimigh, con Brok como rey.
- En la isla este de Ireng, se extendía el reino enano de Corckenth, con Nodri como rey.
- En el suroeste, en la región de Davlik, en el continente de Henoa, el reino enano de Glofjödtur, con Hreidmar como rey.
- En el suroeste también, en la región de Framtid, en el continente de Henoa, estaba el último de los siete reinos enanos, Djupvogur con Sudri como rey.


Los siete reinos crecieron y prosperaron, pero Earin una vez bajó al mundo desde su divina morada y vio que el pueblo libre al que había otorgado su gracia le había vuelto la espalda, así se dirigió automáticamente hacia Mótsognir, que era el principal responsable de lo sucedido y le reclamó el daño producido a toda su raza, este sin miedo alguno le reprochó su abandono y Earin encolerizado lo maldijo a el y a toda su familia, les condenó a la mortalidad y retiro su gracia de toda su estirpe, y como todos los enanos adoptaron la familia de Alvíss como propia, todos quedaron malditos. Por este motivo los enanos necesitan beber y comer como todos nosotros, y envejecen y mueren, aunque a una velocidad mucho menor; además de esto recibieron la maldición de la codicia, y siempre desearian más y mas joyas y tesoros, y esto les consumiría para el resto de la eternidad pues nunca tendrían suficiente. Y así fue como tras la aparición de los elfos y de sus riquezas culturales y materiales se produjeron grandes guerras, las cuales ganaban los elfos por estar bendecidos por el mismísimo Earin, y los reinos que eran siete finalmente se redujeron a tres, el reino de Gallat, el reino de Brimigh y el reino de Satlam.

                                                                                              Haradum Ishterai
                                                                                 Historiador y cronista imperial

No hay comentarios:

Publicar un comentario